sábado 27 de septiembre de 2008

Efectos Terapéuticos de la risa

Si reímos las sustancias químicas relacionadas con el estres disminuyen y el cerebro incrementa la producción de endorfinas.

Fuente: Intramed.net

Cuando una persona ríe, es menos proclive a enfermedades físicas y psicológicas; en tanto, los pacientes bajo tratamiento de risoterapia pueden reducir, hasta en un 60 por ciento, el tiempo de recuperación. Bajo ese concepto, esa expresión emocional forma parte de la clave de la existencia, consideraron especialistas de la Universidad Nacional.

Es la medicina más barata, y sería conveniente que psicólogos, psiquiatras, médicos, enfermeras, trabajadores sociales y odontólogos, "tuvieran la capacidad de transmitir ese elemento, primordial para la salud pública”, dijo el especialista en psicología clínica de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza (FESZ), Manuel Anselmo Morales Luna.

Si reímos las tres sustancias químicas del estrés disminuyen: el cortisol, en un 39 por ciento; la adrenalina, hasta en un 70 por ciento, y la L-dopa, en 38 por ciento, dijo.

Fisiológicamente, provoca que el cerebro produzca betaendorfinas, morfinas naturales del organismo que relajan, combaten la depresión, tranquilizan, disminuyen el dolor y estimulan el sistema inmunológico, explicó Morales.

A pesar de sus virtudes, en México sólo un 20 por ciento de enfermos hospitalizados se beneficia de esa terapia. La risa es, en esencia, festiva; quien no la cultiva de manera cotidiana y ordinaria, pierde la esencia misma de la vida: la capacidad de disfrutarla, añadió la académica de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), Paulina Rivero Weber.

"Suena paradójico, pero conviene tomarla en serio; eso no significa que deba ser estudiada, pero sí valorada y disfrutada, para llevar una vida sana", añadió.

Más beneficios

La risa, en términos psicológicos, es una expresión emocional positiva que permite expresar situaciones satisfactorias, definió Morales Luna. También es una reacción ante algo paradójico, que se sale del entendimiento, abundó Rivero Weber.

Por su parte, la médica cirujana por la UNAM, ortopedista y ex académica de la maestría de Diseño Industrial de la Facultad de Arquitectura, María Cristina León González, señaló que esa expresión posee una fuerza poderosa para transformar a los seres humanos y tiene efectos increíbles sobre la salud, además de facilitar la creatividad, los procesos de innovación y consolidar los equipos.

Existen diferentes tipos: la inducida con cosquillas; la causada por una buena broma; la sádica, que se mofa del individuo en desgracia; la burlona, que oculta envidias o sentimientos complejos; la nerviosa, y la explosiva, que resulta de una alegría vital, enumeró Rivero.

Asimismo, Michael Miller, del Centro Médico de la Universidad de Maryland, EU, encontró que las personas jóvenes que padecían infartos tenían altos grados de hostilidad y bajo sentido del humor; la risa les ayudó a mejorar la función de los vasos sanguíneos.

Esa acción involucra a 400 músculos del cuerpo y provoca espasmos que permiten contraer y expandir el tórax, con lo cual se ejercitan los pulmones y el corazón. Es un ejercicio aeróbico que, de igual modo, ayuda a reducir el colesterol, dijo Manuel Morales.

También ayuda a ampliar las fronteras del pensamiento habitual, añadió León González. Si se tiene algún problema, el sentido del humor logra que se visualice de mejor manera, acotó.

Niños, adultos, hombres, mujeres…

Los animales comunican su alegría de diferentes maneras, pero la risa es exclusiva de los seres humanos, indicó Paulina Rivero.

Estudios han determinado que el modo de reír actual se separó de la expresión de los ancestros hace seis millones de años, lo que se demuestra con la forma de la laringe, diferente a la de los chimpancés.

Los bebés empiezan externar esa gesticulación al tercer o cuarto mes de vida, y a los tres años lo hacen alrededor de 400 veces al día; pero al llegar a la adultez se realiza sólo 15 ó 30 veces. La diferencia no sólo radica en la edad, sino en el género. Por lo general, las mujeres se carcajean y viven más tiempo.

Por ejemplo, mencionó María Cristina León, las conferencistas ríen 127 por ciento más que su audiencia masculina; en cambio, los hombres lo hacen siete por ciento menos que su público femenino.

También hay variedades culturales y geográficas. “Los latinos tienden más a expresar emociones que los anglosajones. Pero esas diferencias también se observan dentro de un mismo territorio; en México, la gente del sur es más expresiva que la del norte".

Ello se debe, consideró Morales, a que los latinos tienen más cercanía, contacto corporal y facilidad o permisividad de expresión, mientras que los otros sufren restricciones. “Un londinense es más flemático que un italiano, o un estadounidense que un puertorriqueño”.

Los mexicanos, en tanto, son propensos a la risa, a la burla, al lenguaje en doble sentido. “Los extranjeros nos consideran como una raza que hace fiesta de todo”, aseguró.

La comedia, bromas y, en general, el sentido del humor es siempre local e histórico, pues la risa existe en un cierto espacio y tiempo. “Los chistes son comprensibles sólo por quienes comparten una realidad o universo de significados”, añadió Rivero en su artículo Homo ridens, publicado en la Revista de la Universidad de México.

En el comienzo, la risa

La risa tiene un contexto histórico y cultural. En los 25 siglos de historia de la filosofía, relató Rivero, casi siempre ha sido vista con desprecio. Platón la consideraba un vicio, y a la carcajada "algo inconveniente, obsceno y perturbador".

Para Aristóteles era una "mueca de fealdad que deforma el rostro y desarticulaba la voz". En tanto, la tradición judeo-cristiana reforzó la idea del sufrimiento en el mundo para un gozo posterior.

Baruch Spinoza, en el siglo XVII, fue el primero en referirla de manera positiva: "el único camino posible hacia el perfeccionamiento, tanto del cuerpo como del espíritu, es el de la alegría". Para él, nada bueno puede surgir de la tristeza. Luego, Nietzsche se convirtió en el filósofo de la fuerza, la libertad, la danza, la risa y el juego, relató la académica de la FFyL.

Los antecedentes formales de su estudio se remontan al siglo XIX, cuando Herbert Spencer escribió The Physiology of Laughter (1860), donde se refirió a ella como una liberación de energía nerviosa que se canaliza a los sistemas cardio-respiratorio y muscular.

En la década de los 60, Norman Cousins redactó Anatomy of an illness, donde refiere cómo se recuperó de una grave enfermedad con la guía de un médico, una actitud alegre y optimista, esperanza, fe y sonrisa.

Pero esa expresión emocional debe tener límites, pues no es aceptable en una situación paradójica que ocasiona dolor a otros. "Es cuestión de sentido común saber hasta dónde es válida y cuándo es reprobable", dijo Rivero.

sábado 6 de septiembre de 2008

Una casa que ayuda a reinsertarse luego de una internación psiquiátrica

Para casos de rehabilitación de adicciones, depresión o estrés.

Es para quienes, tras el alta, no están en condiciones de reintegrarse inmediatamente a sus actividades.

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Es para quienes, tras el alta, no están en condiciones de reintegrarse inmediatamente a sus actividadesEl hostal La Casa, en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires, brinda asistencia terapéutica a pacientes en rehabilitación
Foto: Andrea Knight

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION

En una típica casa de barrio, luminosa y de amplios ambientes, ubicada en una de esas calles anchas y tranquilas que aún conserva Palermo, un grupo reducido de personas con algún trastorno psicológico controlable intenta recuperar habilidades perdidas para retomar su vida habitual.

Depresión posparto, sensación constante de soledad, fracasos reiterados, estrés grave o adicciones que superaron la etapa de abstinencia están entre las alteraciones que se tratan en el primer centro "de medio camino", como se denomina este modelo en otros países.

"Las casas de este tipo reciben a pacientes que estuvieron internados en algún centro de salud por un trastorno psiquiátrico agudo y que por alguna razón todavía no pueden volver a su hogar o retomar las relaciones sociales previas a esa internación", explicó a LA NACION la licenciada en psicología Virginia Martínez, codirectora del hostal La Casa ( www.hostal-lacasa.com.ar ).

Mariana, actriz y directora de arte escénico de 25 años, llegó al hostal después de una internación psiquiátrica por trastorno bipolar. "Estuve tres semanas alojada día y noche por indicación de mi psiquiatra y me ayudó a organizar la vida de otra manera, aprender que existen otros patrones de conducta adecuados que se pueden seguir y saber reconocer una crisis", explicó.

El equipo de La Casa trabajó con su médico de cabecera y la primera semana dispusieron que ella no podía salir sola, sino con un acompañante terapéutico; la segunda semana lo pudo hacer sola, con horarios, y la tercera ya lo hizo sola para hacer sus actividades.

Todos los pacientes concurren al hostal de manera voluntaria o aceptan hacerlo cuando llegan acompañados por un familiar o por sugerencia del terapeuta que los trata. "No hablamos de internación, sino de alojamiento, porque no están con un régimen similar al de los centros psiquiátricos; son casas de puertas abiertas y dan su consetimiento -precisó Martínez-. La idea es que pueda vivir, si quiere, en la casa y haga distintas actividades en el hostal dirigidas por el equipo profesional o fuera de la casa, si puede restablecer lazos anteriores."

A veces, es continuar el estudio o el trabajo, o evitar que lo pierdan por el trastorno que padecen. Los resultados dependerán de cada patología. "Hay algunas que son altamente recuperables con sólo transitar un período en una casa como ésta, pero hay otros trastornos más complejos. Es estos casos, los profesionales tratarán de que la persona recupere la mayor cantidad de capacidades afectadas", comentó la psiquiatra Patricia Dotta, codirectora del hostal.

Es el caso de María Belén, de 27 años, que pudo retomar el CBC en la Universidad de Buenos Aires para cumplir con su objetivo de estudiar arquitectura. "Estuve un mes y medio en el régimen de hostal, con salidas y visitas -contó a LA NACION-. Ahora, por decisión propia, sigo yendo al centro de día. Al principio, no sabía si daba para estar ahí, pero me sirvió un montón. Es muy distinto a estar internada; sentí que los que estábamos ahí no nos estábamos mirando para ver cuán locos estamos, sino cuán humanos somos."

María Belén sufre de trastorno de personalidad. Tenía dificultad para empezar y terminar actividades, organizar sus horarios y no olvidarse de sus obligaciones. "Empecé veinte mil carreras y dejé siempre -recordó-. Cuanto curso empezaba, lo dejaba; pasé por las drogas muy jovencita y viví situaciones familiares muy complicadas con mi mamá. No sabía qué era levantarme temprano porque no sabía qué era poner el despertador ni lo podía hacer. Pueden parecer cosas muy simples para otros, pero para mí eran imposibles y, cuando no me salían, me angustiaba muchísimo."

Para ella, aprender a organizarse fue un volver a nacer. "Hace un mes descubrí qué son las mañanas y que hay otro mundo... Sólo ahora estoy empezando a ir al CBC y a leer." Ella concurre 3 o 4 veces por semana a La Casa y asegura que los talleres le permitieron comprender qué es empezar y terminar algo.

Los diagnósticos más frecuentes con los que llegan los pacientes son la depresión por aislamiento, soledad o fracasos reiterados; las crisis críticas de esquizofrenia; la disfuncionalidad; los trastornos graves de la personalidad y el estrés grave, que altera alguna capacidad. "A veces son personas que no pueden estructurar las actividades cotidianas más simples y terminan no levantándose de la cama o no cumpliendo con la medicación, lo que agrava alguna de las características patológicas", dijo Martínez.

Durante la semana, se entrena a los pacientes a recuperar la capacidad de tener en cuenta los horarios, cumplir con las obligaciones convenidas o realizar las actividades previstas, dado que la pérdida progresiva de esas capacidades influyen en el estado anímico o una complicación en la relación familiar o social.

Para eso, todos los profesionales que trabajan en La Casa, incluida el ama de llaves, son especialistas o estudiantes avanzados de las carreras de salud mental. Esto, según explicaron las responsables de este nuevo modelo de atención de la salud mental, es una estrategia muy útil que permite la escucha permanente de lo que le piensa, quiere manifestar o le sucede a cada paciente.

"Se dan casos de pacientes que luego de estar alojados una temporada tienen La Casa como una referencia importante y, por ejemplo, se acercan a tomar mate, a compartir una actividad o a conversar con alguno de los profesionales como una forma de refugio o reaseguro de no perder lo logrado hasta ese momento", señaló Dotta.

Aunque el paciente que llega al hostal tenga un médico de cabecera, el equipo del hostal realiza un nuevo diagnóstico para asegurarse de que reúne los requisitos para alojarse en un hostal de medio camino. "No puede estar nunca en medio de un brote o una crisis de la enfermedad, sufrir síndrome de abstinencia por una adicción o que pueda provocar agresiones difíciles de controlar ni que la depresión sea de riesgo para su vida porque no son casas de cuidados de alto riesgo", precisó Martínez.

Link: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1047145

domingo 31 de agosto de 2008

Sentirse eficiente en el trabajo, un antídoto contra el Burnout

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION

La sensación de que en el trabajo el tiempo no alcanza para resolver todo, de que las responsabilidades asignadas superan ampliamente el sueldo a fin de mes, de que hay cada vez más tareas para repartir entre menos personas o de que los días de descanso son más cortos que el resto de la semana pueden deteriorar, poco a poco, cómo percibimos nuestro rendimiento laboral y provocarnos un colapso.

Cuando contamos con un arsenal de defensa lo suficientemente resistente, por extraño que pueda parecer, esa misma percepción de que somos eficientes en el trabajo se transforma en un mecanismo natural de protección contra el síndrome de desgaste profesional o burnout. De lo contrario, el "estresazo" gana a expensas de nuestra salud mental, emocional y física.

"La percepción que las personas tienen de la autoeficacia o el rendimiento personal en sus actividades diarias, cualesquiera que sean, está asociada con un efecto amortiguador ante ciertas experiencias que activan el mecanismo del autocuidado. La autoeficacia es una de las variables que actúan como mediadoras de la sensación de malestar o de bienestar", explicó a LA NACION la psicóloga Edith Vega, coordinadora de actividades docentes de la Fundación Aiglé.

La clave está en lograr un adecuado "ajuste" entre la autopercepción del rendimiento laboral y qué perciben los demás. Para eso, comentó la especialista, se necesita lograr un equilibrio entre los recursos individuales para realizar una tarea y su nivel real de dificultad.

"Cuanto mayor sea el ajuste entre esas dos variables, más ajustado a la realidad estará la sensación de autoeficacia", dijo Vega, antes de su presentación en el VII Congreso Nacional de Mujeres Médicas, en la sede de la Asociación Médica Argentina.

Los principales estudios sobre el tema se realizaron en profesionales de la salud, en general, en grupos de enfermeras especializadas en neonatología. Una revisión de la literatura publicada en la revista Ciencia y Enfermería, asegura incluso que nuestra reacción ante el estrés estarían más determinada por el sentimiento de cuán eficientes somos para enfrentar los problemas que por las demandas y amenazas objetivas en el entorno.

"Un bajo nivel de eficacia percibida en el control de estresores psicológicos está acompañada por elevados niveles de estrés subjetivo -escribieron investigadoras de las universidades Católica del Maule y de La Serena, en Chile, coautoras de la revisión-. Se ha demostrado que las reacciones al estrés son bajas cuando la gente sabe manejar los estresores a través de un adecuado nivel de autoeficacia."

Factores negativos

Entre los factores que debilitan esa autopercepción está no recibir un salario considerado justo para las responsabilidades o la cantidad de horas dedicadas al trabajo, no tener suficiente libertad para decidir sobre el trabajo ni participar en la elaboración de proyectos dentro de un grupo, encontrar resistencia a las nuevas propuestas o no encontrarle sentido al trabajo, entre otras.

En esos casos, explicó la especialista, puede ocurrir que se subestimen las propias capacidades o que aparezca la sensación de que es imposible poner en práctica un proyecto personal o laboral por culpa del entorno.

"Lo primero es muy importante porque, si la subestimación se prolonga en el tiempo puede provocar sentimientos muy profundos de desvalorización, generar depresión, burnout o, incluso, inducir el suicidio", comentó Vega.

Para poder recuperar la adecuada percepción de autoeficacia existen programas de entrenamiento, como los que se ofrecen incluso de manera gratuita a personas de bajos recursos en la Fundación Aiglé ( www.aigle.org.ar ).

"Esto permite devolverle a la persona el equilibrio entre qué es lo que puede hacer y en qué ámbito puede hacerlo -señaló la doctora Vega-. Es frecuente ver que una persona es muy hábil en un área de trabajo y entonces deciden en la empresa transferirla a otra posición en la que, quizá, carece de habilidades para llevarla adelante y entonces falla. De ahí la importancia de contar con una buena política de salud laboral."

Pero cuando el problema no es la subestimación o sobreestimación de las propias habilidades, sino la hostilidad del entorno de trabajo, Vega asegura que lo importante es "no pedirle peras al olmo". Los ambientes negativos, poco estimulantes o resistentes a los cambios aumentan el riesgo de la subestimación y la atribución de los conflictos a deficiencias personales.

"Si una persona logra identificar adecuadamente al entorno como la causa de la disminución de su rendimiento, podrá inmediatamente comenzar a identificar qué y qué no es posible hacer en un entorno con esas características -dijo Vega-. Encontrar la satisfacción laboral es fundamental para prevenir el burnout , que no sólo tiene que ver con la remuneración justa por el trabajo realizado, sino también con la posibilidad de que la persona le encuentre sentido a su trabajo."

Discapacidad laboral

  • Los trastornos mentales son responsables de entre el 12 y el 13% de las discapacidades laborales. Las patologías graves y recurrentes afectan al 5% de la población entre 18 y 65 años, es decir que afectan a 1.300.000 personas en edad productiva. "Lo que se invierta en la salud mental de los trabajadores siempre será mucho menos que lo que cuesta el tratamiento de los trastornos cardíacos y las enfermedades autoinmunes que produce el desgaste profesional -dijo la doctora Edith Vega-. El cansancio crónico, los dolores físicos y los pedidos de licencias por estrés son un foco importantísimo de riesgo."

    Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1044740



jueves 24 de julio de 2008

Ansiedad, Zozobra Punzante

Por Marianella Albornoz

Fuente:
CosmoGuayana Latin Magazine

Woddy Allen, Nicolas Cage, Johnny Depp, Naomi Campbell y Courtney Love son algunas luminarias que padecen los estragos de este inquietante malestar que hace temblar hasta al más endiosado o circunspecto de los mortales. Conozca los pormenores de un trastorno emocional que respira agitado en el diván de los consultorios psicológicos

“No hay que tener miedo de la pobreza ni del destierro,ni de la cárcel, ni de la muerte.
De lo que hay que tener miedo es del propio miedo”.

Epicteto de Frigia

Marta Prado (seudónimo), se paraliza ante la presencia de su enojado jefe. En instantes, su corazón late tan de prisa que asemeja los contundentes repiques de una banda marcial. Los nervios la poseen y, vertiginosamente, deja de coordinar sus pensamientos, tratando de enfrentar, azarosa y torpemente, las tareas diarias. La causa es que la sola idea de perder su empleo la aterra, por lo que su estado de alerta -para prevenir un posible altercado con su superior-, la mantiene en una constante tensión. Lo que no sabe es que la zozobra que punza sus sentidos tiene un nombre: ansiedad.

De naturaleza común, es una patología que muchos asumen sentir, pero pocos podrían definir. Al respecto, César Landaeta, psicólogo clínico y especialista en Sistemas Humanos, egresado de la Universidad Central de Venezuela, valida sus pasos aludiendo a una famosa melodía compuesta por el poeta y músico venezolano José Enrique Sarabia, que reza: “Ansiedad de tenerte en mis brazos / musitando palabras de amor / ansiedad de tener tus encantos / y en la boca volverte a besar”. Y es que para este experto, la incertidumbre tiende a ser confundida hasta con el concepto de “ansias o deseos”. No obstante, resalta las abismales diferencias entre ambas ideas: “Se trata de un estado producido por la pérdida del equilibrio emocional caracterizado por pensamientos que amenazan al Yo, respuestas fisiológicas de una alerta inespecífica e intranquilidad generalizada”.

Por su parte, el psicólogo y psicoterapeuta Gerardo Velásquez, también egresado de la Universidad Central de Venezuela, resalta que “es un estado emocional desagradable acompañado por sensaciones de amenaza y preocupación excesiva por el presente o futuro”, coincidiendo con Landaeta al afirmar que despabila una aprensión “sin causa aparente”, disparándose así un conjunto de respuestas fisiológicas, cognitivas y conductuales como el miedo, la angustia, el nerviosismo o la inseguridad, resalta el experto.

Temeroso legado
Los estragos de este sobresalto desmedido, pueden “expresarse desde una temprana etapa”, asegura Landaeta, sin embargo no se atreve a ubicarla en una edad precisa, ya que sus primeros rastros dependerán “de cada individuo y de la forma como reaccione frente a las exigencias de su medio”, subraya, tras dejar por sentado que tampoco sería posible afirmar que un género sea más propenso que otro a encubarla.

Como una de las figuras supremas de los consultorios psicológicos y psiquiátricos -según lo asevera Velásquez, quien además dirige el Centro de Neuropsicoterapia anclado en Caracas-, la ansiedad es un soplo que no “hace distinción de edades”. En todo caso, lo que varía es el modo de manifestación y los factores que la desencadenen, como los “hereditarios, los de historia de vida, los aprendizajes asociados a estímulos favorables o desfavorables y los aspectos endógenos como la producción desequilibrada de neurotransmisores durante el proceso de activación e inhibición neuronal”, especifica, aclarando que “todos estamos expuestos a atravesar por una crisis en el tema”, pero es la referida cadena de elementos la que establecerá que algunos individuos sean más propensos que otros al momento de ser acechados por esta garra paralizante.

Contrastando las apreciaciones que incitan su aparición, Luis Mariani, médico psiquiatra egresado de la Universidad de Buenos Aires, presidente de la Sociedad Iberoamericana de Salud Mental en Internet y director del portal Eutimia.com, asegura que este conmoción “puede revelarse al comienzo de la adultez”. En cualquier circunstancia, su temerosa mecha también puede encenderse desde la infancia, “constituyendo un buen ejemplo de los trastornos de angustia por separación”. Simultáneamente, a juicio del indagado, “las mujeres son más vulnerables a sus efectos que los hombres”.

Hay que saber...

  • Según Gerardo Velásquez, psicólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela, y actual director del Centro de Neuropsicoterapia, anclado en Caracas, los trastornos de ansiedad son más comunes en los países occidentales.
  • Esta paralizante patología tiene una incidencia aproximada, en la población de 8 a 10%, así lo destaca Luis Mariani, médico psiquiatra egresado de la Universidad de Buenos Aires y presidente de la Sociedad Iberoamericana de Salud Mental.
  • A juicio del psicólogo clínico y especialista en Sistemas Humanos, César Landaeta, “el miedo es una reacción ansiosa de alta intensidad, con las fobias en el extremo de la línea”.

Variopinta patología
Dependiendo del motor que la promueva y del lapso temporal al que se prolongue, la ansiedad podrá ser el factor común de una dilatada clasificación. Al respecto, Mariani refiere que su abanico se despliega en versiones: trastornos generalizados, los de pánico, los de tipo social, las fobias específicas, el desequilibrio por estrés agudo, el disturbio obsesivo-compulsivo, la tensión postraumática, la secundaria impulsada por enfermedades médicas como el hipertiroidismo, el consumo de fármacos y la suscitada por alteraciones en la vida social, laboral o familiar.

Cuando las personas muestran una “constante preocupación, esperando siempre lo peor, a pesar de que no existan peligros reales, y les cuesta deshacerse de sus inquietudes”, emiten señales contundentes, advierte Velásquez. Danilo Contreras (seudónimo) comparte su experiencia en el portal argentino Osea.ellitoral.com: “Durante un largo período sufrí lo que se denomina ansiedad generalizada, según el diagnóstico que me dio mi especialista. Sentía que el tiempo nunca me alcanzaba, por lo que tenía que hacer todo muy rápido y la situación no me dejaba disfrutar de nada. Al final del día, terminaba angustiado.

Por momentos tenía una sensación de miedo por lo que no podría cumplir. Tuvela suerte de no haber llegado a un punto extremo o a una fuerte depresión, gracias a las alternativas naturales como yoga, meditaciones y terapias para armonizar mis emociones”, declara. César Landaeta engloba estos casos en los confines del tipo flotante, “en donde la persona vive en vilo, como si algo peligroso estuviera por ocurrir, pero finalmente no termina de hacerlo”. En este contexto, Luis Mariani, explica que este sinsabor puede persistir durante más de seis meses y abalanzarse sobre una amplia gama de acontecimientos o actividades.

En los sucesos de pánico, Gerardo Velásquez describe que “la persona experimenta sorpresivas e intermitentes crisis de súbito e intenso terror que duran lapsos aproximados de 10 minutos, tiempo suficiente para dejar a la víctima emocionalmente exhausta y amilanada”. Acorralados por estos espectros, los afectados pueden padecer palpitaciones fuertes, dolores de pecho, sensación de asfixia u hormigueo en algunas partes del cuerpo y miedo a morir.

Entre el bien y el mal
Pese a que, en puntuales ocasiones, la ansiedad puede ser considerada, según estipula Landaeta, como una “reacción lógica y necesaria ante un peligro real o potencial” -impresión que resulta positiva al permitir que el individuo “examine sus recursos para resolver conflictos o amenazas”-, también es cierto que, en niveles álgidos, puede impulsar respuestas fisiológicas capaces de acabar en “parálisis de extremidades o faciales, dolores generalizados, conductas desesperadas, intentos suicidas” y, aunque parezca increíble, hasta un infarto al miocardio, especifica el especialista en Sistemas Humanos. Luis Mariani añade que tan penetrante patología puede turbar las relaciones “interpersonales, e incluso el rendimiento laboral o académico”. Según el galeno, sólo puede considerarse como positiva cuando prepara al individuo para enfrentar algunas situaciones como “competir en una carrera de atletismo, dar una conferencia ante una gran audiencia o enfrentarse a un examen académico”.

Patología aniquilada
Mermar los estragos de esta hostil realidad, será, ocasionalmente, un asunto de voluntad, pues “de no tener mayores limitantes, las revelaciones ansiosas podrán ser manejadas mediante el aprendizaje de técnicas antiestrés-relajación, meditaciónyoga, o con el uso de productos ansiolíticos naturales”, sentencia Landaeta. Pero si el sujeto pierde la capacidad de controlar los síntomas, será necesario refugiarse en la ayuda médica. De esta manera, la neuroterapia, también conocida como neuro-feedback, la acupuntura y diversos ases de la medicina alternativa, podrán ser los tratamientos indicados, refiere Velásquez. En otros panoramas, el psiquiatra argentino recomienda combinar una “psicoterapia de orientación cognitivo-conductual con medicación”. Lo capital es estar consciente de que “hay muchas vías que llevan a una solución, por lo que el tratamiento dependerá de la persona y de la severidad del trastorno”, concluye el director del Centro de Neuropsicoterapia.

Link: http://www.cg.com.ve/webCG50/optimismo.html

domingo 13 de enero de 2008

Por qué a algunos les cuesta disfrutar de las vacaciones

Incluso hay quienes optan por no viajar

Fuente: LANACION.com

¿Me quedo o me voy? ¿Solo o acompañado? Irse de vacaciones no es una decisión fácil de tomar. Hay quienes prefieren no hacerlo para evitar cumplir con los requisitos que esto demanda. Desde el temor a perder el trabajo, tener que renovar el pasaporte, contar con los papeles del automóvil en regla, preparar las valijas, ubicar a las mascotas en algún lado y pagar las cuentas por adelantado, hasta dejar la casa vacía, con el riesgo que eso implica. Estos son algunos de los motivos por los que ciertas personas renuncian a abandonar su rutina laboral.

La sola enumeración de estas acciones por concretar puede desalentar hasta al más entusiasta de los viajeros, coinciden psicólogos consultados por LA NACION. Es que si bien para la mayoría de las personas las vacaciones son muy deseadas –un período de merecido descanso–, a muchos les cuesta disfrutarlas porque generan ansiedad, estrés y temor.

Incluso, en algunas ocasiones, las vacaciones son motivo de conflictos y provocan una sensación de culpa. Por eso, hay quienes eligen directamente quedarse en su casa.

“Las vacaciones, desde sus preparativos, producen una gran expectativa e ilusión, y también temor a que afloren todas las diferencias, los desencuentros y conflictos que quedaron debajo de la alfombra durante el año”, explicó a LA NACION la doctora Laura Orsi, médica psicoanalista, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Tanto para quien parte de vacaciones como para el que queda, "el cambio es más interno que externo, y el disfrutar del ocio depende de cada individuo", precisó Orsi. Lo importante sería poder elegir "qué es lo que necesita la persona en cada momento de su vida, ya que algunos prefieren la actividad, y otros, el descanso", dijo.

A veces, uno espera todo de las vacaciones, de los viajes; "el gran cambio", que no siempre sucede. Además, la especialista agregó que, en la actualidad, resulta difícil "desenchufarse" de las nuevas tecnologías, desde celulares hasta computadoras, que viajan a los destinos de descanso, de la mano de los adictos al trabajo.

Del mismo modo, opinó la licenciada Any Krieger, miembro titular de APA, "estamos en la era de la adicción y el trabajo puede ser adictivo, ya que algunos se angustian mucho más cuando tienen que cortar su trabajo. También hay quienes temen quedarse sin sus puestos".

La culpa

Para Krieger, las vacaciones representan una pausa, un corte en el calendario laboral que genera temor a lo nuevo, sin las pautas del día a día. "Hay quienes no desean tomarse vacaciones por el sentimiento de culpa que les genera tener que dejar el trabajo, aunque muchas veces no son conscientes de ello", dijo Krieger.

Además, explicó que también existe el estrés postvacacional, que "se trata del castigo por el disfrute hallado dentro de la pausa, que muchas veces se traduce en enfermedades, depresiones, estados de angustia, accidentes y peleas dentro del seno familiar".

Y aclaró que otro problema frecuente es que muchas personas viven las vacaciones como una obligación, en lugar de sentirlas como algo deseado. "Aún no hemos encontrado una dialéctica entre el descanso y el sentimiento de plenitud", reconoció Krieger.

María Iraola, de 54 años, empleada de una inmobiliaria de Recoleta, aseguró a LA NACION que desde hace dos años no se va de vacaciones porque "adora" Buenos Aires en el verano.

"La ciudad está más tranquila y, a pesar del calor, me encanta andar en bicicleta y admirar las cúpulas de algunos edificios, algo que sólo puedo hacer cuando hay poco tránsito", detalló. Y enfatizó: "En esta época se puede disfrutar; además no se percibe la agresión y locura que se vive en la calle durante el resto del año".

Según Osvaldo Cabrera, psicólogo clínico especialista en terapias breves, "tomarse las vacaciones es una necesidad, una forma de preservación y recuperación en el nivel mental, donde uno se despeja y se sale del esquema habitual".

Sin embargo, "estamos más preparados para la actividad que para el ocio, ya que cuesta desconectarse de la vorágine de la vida cotidiana", aclaró.

Problemas familiares

En algunos casos, las vacaciones pueden ser disparadores de estrés. "A veces, el tiempo de descanso constituye un punto de partida de conflictos, y eso afecta tanto en lo laboral como en lo familiar", indicó Cabrera.

Por otro lado, el psicólogo agregó que existe un elevado porcentaje de personas que se angustian frente a la posibilidad de algún cambio, ya que lo viven como una "amenaza", y, entonces, optan por no irse de vacaciones, ya que se sienten más seguras y mejor en sus casas.

Del mismo modo, la licenciada Stella Maris Rivadero, psicoanalista, coordinadora docente y supervisora del Equipo de Pareja y Familia del Centro Dos, manifestó que las vacaciones generan distintos tipos de fantasías y ansiedades.

"Es un período en el que no hay demandas de horarios y esto muchas veces genera cierta incertidumbre en la gente; se pone en juego la ansiedad, que no permite disfrutar", explicó Rivadero.

Respecto de aquellos que optan por no irse de vacaciones, "se debe a que como están vinculadas a lo azaroso, el sujeto si sale de su hábitat cotidiano, se deprime y angustia ante lo nuevo y lo desconocido", explicó Rivadero. Por lo general, se trata de aquellas personas que son muy estructuradas o frágiles, precisó la licenciada.

Uno de los motivos por los cuales algunas personas eligen determinados lugares para irse de vacaciones tiene que ver con el hecho de entablar relaciones sociales y económicas, porque quieren "estar y mostrarse".

Otros tienen como imperativo familiar que trabajar es saludable y valioso. Y agregó que representa un momento de reflexión sobre lo que se pudo concretar hasta ese momento.

"El tiempo real de balance está más ubicado durante las vacaciones que a fin de año", explicó Rivadero. Y esto trae aparejada la posibilidad de "enfrentarse al vacío existencial", concluyó.

Felipe Taboada, de 23 años, estudiante de filosofía, contó a LA NACION que pasará las vacaciones en su casa y que las disfrutará a su manera, "yendo al cine y a restaurantes".

Según Taboada, las vacaciones tienen un pre y un post. Y agregó con una sonrisa: "La gente pierde energías con los preparativos, cuando se dedica a buscar adónde ir al mejor precio, y el post se resume en el bajón moral y económico".

En definitiva, quedarse en casa o partir a la playa o a la montaña da igual: lo más importante es sentirse bien con uno mismo, dondequiera que esté o que vaya...

Julieta Bravo

Qué aconsejan los expertos

* Si usted decide viajar, intente lograr un clima de armonía entre la familia.

* Procure no llevar la computadora y mantener el celular apagado.

* Si se encuentra atravesando un momento de duelo, es preferible que postergue sus vacaciones.

* Arme espacios de tiempo ocioso y haga alguna actividad recreativa al aire libre

* Recurra a los amigos en el caso de sentirse solo y disfrute de una buena compañía.

* Olvídese de las normas, demandas y obligaciones cotidianas.

Link: http://www.lanacion.com.ar/cienciasalud/nota.asp?nota_id=978332&origen=premium

sábado 12 de enero de 2008

Mutación genética y antecedente de ACV elevan riesgo de demencia

NUEVA YORK (Reuters Health) - Los pacientes que tuvieron un accidente cerebrovascular (ACV) y son portadores del APOE4, una mutación genética asociada con un mayor riesgo de Alzheimer, corren más peligro de demencia que las personas con sólo uno o ninguno de esos factores, publicó la revista Neurology.

Los resultados de otro estudio, publicado en la misma revista, indicaron que los fármacos antiinflamatorios no esteroides (AINE) reducen el riesgo de demencia en adultos mayores, pero sólo si son portadores del APOE4.

Los AINE incluyen fármacos como la aspirina, el ibuprofeno y el naproxeno.

El equipo dirigido por Y. P. Jin, de la University of Western Ontario, en Londres, Canadá, evaluó el efecto combinado de un ACV y el APOE4 sobre el riesgo de demencia mediante el análisis de los datos de 949 participantes de la fase 1 del Estudio Canadiense de Salud y Envejecimiento (CSHA, por su sigla en inglés) y de 1.413 participantes de la fase 2.

La prevalencia de la demencia en ambos grupos era más alta entre las personas que habían sufrido un ACV y eran portadores del APOE4.

Por ejemplo, en el CHSA-2, ambos factores se asociaban con una prevalencia del 57,6 por ciento, mientras que esto disminuía al 23,3 por ciento entre aquellos sin esos factores.

La incidencia del trastorno en el lapso de tiempo entre el CSHA-1 y el CSHA-2, unos 4,6 años en promedio, fue de 8,4 casos cada 100 personas por año en los pacientes con ACV y el APOE4, y de 4,3 casos cada 100 personas por año entre aquellos sin esos factores.

Y comparados con estos últimos, aquellos que habían sufrido un ACV solamente tenían un 33 por ciento más de riesgo de demencia, mientras los que portaban el APOE4 únicamente, ese riesgo se duplicaba. Los participantes con ambos factores tenían 2,5 veces más riesgo de desarrollar demencia.

En el segundo estudio, el equipo dirigido por P. P. Zandi, de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins, en Baltimore, examinó el efecto del uso de los AINE sobre el riesgo de demencia en 3.229 participantes del Estudio sobre Cognición y Salud Cardiovascular.

Los autores controlaron durante 10 años a personas de más de 65 años sin demencia al inicio del estudio.

Como en estudios previos, los AINE demostraron su capacidad de reducir el riesgo de Alzheimer, pero no el de demencia vascular (por reducción del flujo de sangre al cerebro, que priva de oxígeno a los tejidos).

Pero otros análisis demostraron que eso sí ocurría sólo en los portadores del APOE4.

"Estos resultados deberían proporcionar claves importantes para iniciar estudios sobre la biología de la demencia y del Alzheimer", comentaron los doctores Joseph Rogers y Marwan N. Sabbagh, en un editorial sobre el estudio.

Sin importar cómo el APOE4 eleva el riesgo de Alzheimer, los resultados del primer estudio sugieren que sería "independientemente de los cambios cerebrovasculares y de otro tipo que hacen del ACV un factor de riesgo de demencia", mientras que el segundo estudio señala que "los AINE lo reducen", afirmaron los editorialistas.

FUENTE: Neurology, 1 de enero del 2008

Link: http://www.buenasalud.com/news/index.cfm?news_id=13084&mode=browse&fromhome=y

martes 8 de enero de 2008

Cuatro cambios de costumbres ayudan a vivir 14 años más

LONDRES, Inglaterra | REUTERS

Las personas que beben alcohol de forma moderada, hacen ejercicio, dejan de fumar y comen cinco raciones de frutas y verduras al día, viven en promedio 14 años más que aquellas que no tienen ninguna de esas costumbres, indicó el martes un grupo de investigadores.

Una abrumadora cantidad de pruebas ha mostrado que estas costumbres contribuyen a tener vidas más prolongadas y sanas, pero el nuevo estudio cuantificó de forma específica su impacto combinado, según reveló el equipo británico.

"Estos resultados pueden ofrecer más apoyo a la idea de que incluso pequeñas diferencias en el estilo de vida pueden marcar una gran diferencia en la salud de la gente y así alentar un cambio de comportamiento", escribieron los investigadores en la revista PLoS Medicine.

Entre 1993 y 1997, los científicos encuestaron a 20.000 hombres y mujeres británicos sanos sobre sus estilos de vida. También analizaron la sangre de cada participante para medir su nivel de vitamina C, un indicador de cuánta fruta y verduras comían.

Luego, el equipo asignó a los participantes, de entre 45 y 79 años, una puntuación de 0 a 4, dándoles un punto por cada uno de los comportamientos sanos.

Después de considerar la edad y otros factores que pueden afectar la esperanza de vida, los científicos determinaron que las personas con una puntuación de 0 tenían cuatro veces más posibilidades de haber muerto hasta el 2006, especialmente debido a problemas de corazón.

El equipo, que realizó un seguimiento de las muertes entre los participantes hasta el 2006, indicó también que una persona con una puntuación de 0 tenía el mismo riesgo de morir que otra con una calificación de 4 pero 14 años mayor.

El cambio en el estilo de vida con mayores beneficios fue dejar de fumar, que llevaba a una mejora en la salud del 80 por ciento, según el estudio. A esto le seguía consumir frutas y verduras.

Un consumo moderado de alcohol y mantenerse activo aportaban los mismos beneficios, indicaron Kay-Tee Khaw y sus colegas de la University of Cambridge y el Consejo de Investigación Médica.

"Con esta información, las autoridades de salud pública deberían estar ahora en una mejor posición para alentar los cambios de comportamiento que probablemente mejoren la salud de las personas de mediana edad en adelante", concluyó el equipo.

Link: http://www.eluniverso.com/2008/01/08/0001/1064/7A94FB65F5D24A9094BCB5707AB2BFD8.aspx